Café de olla, hecho a tu manera

Café de olla, hecho a tu manera

En una cocina, el café de olla puede empezar con el aroma de la canela; en otra, con el piloncillo disolviéndose en el agua. No hay una sola proporción que defina todas las recetas, pero sí vale la pena cuidar el calor para que el café no hierva de más.

Disuelve antes de añadir café

Calienta agua con un trozo de canela y piloncillo al gusto hasta que este se disuelva. Prueba con poco piloncillo al principio: es más fácil agregar dulzor que corregir una olla demasiado dulce.

Cuando el agua esté caliente y aromática, baja el fuego antes de incorporar el café molido. Una molienda media o medio-gruesa facilita colarlo después y evita que la bebida quede demasiado cargada de partículas.

Cuida el tiempo y el calor

Deja reposar unos minutos sin mantener la mezcla en un hervor fuerte. El calor excesivo puede llevar la preparación hacia sabores ásperos, mientras que un reposo breve permite que el café aporte sabor sin dominar la canela.

Haz espacio para la costumbre

En algunas casas se agrega cáscara de naranja o clavo; en otras, la receta se mantiene sencilla. Si quieres probar un ingrediente nuevo, prepara primero una porción pequeña y deja que el café siga siendo reconocible.

Servirlo en una taza de barro o cerámica también forma parte del momento, aunque el recipiente no cambia por sí solo la receta. Lo importante es encontrar el balance de café, especias y dulzor que tenga sentido en tu mesa.